Casi todos nos preguntamos qué pasa cuando morimos. Tal vez imaginas que, después de morir, volverás a nacer como otra persona o de otra forma. Tal vez esperas un lugar de paz donde por fin puedas descansar. Puede que sospeches que, cuando el cuerpo se apaga, todo termina con él y se pierde en la nada. Tal vez te enseñaron que, si eres lo bastante buena persona, puedes ganarte lo que venga después. O tal vez crees que una ceremonia de tu infancia dejó todo resuelto, y que no hay nada más que pensar.
Jesús responde con claridad a la pregunta sobre la vida después de la muerte y ofrece una esperanza mayor de la que quizá imaginas. A diferencia de quienes solo pueden imaginar qué hay después de la muerte, Jesús habla como el único que la atravesó y volvió con vida.
La muerte es la única cita que nadie puede cancelar
No nos gusta pensar en la muerte, pero la Biblia habla de ella con claridad. Sus libros fueron escritos por muchas personas a lo largo de muchos siglos, todas guiadas por Dios mismo. En conjunto nos dicen la verdad, aun cuando la verdad es dura.
| «Y así como está establecido que los seres humanos mueran una sola vez, y después venga el juicio»
Hebreos 9:27, NVI. |
La Biblia no nos deja con un simple «quizá». Nos dice dos cosas con claridad: cada uno de nosotros va a morir una sola vez, y lo que viene después no es la nada. Así que la pregunta no es si hay algo más allá de la muerte. La pregunta es qué nos espera después y en qué vamos a confiar cuando llegue ese momento.
Jesús salió vivo de su propia tumba
Un día, Jesús estaba con una mujer llamada Marta, que acababa de perder a su hermano. En medio de su dolor, él hizo una afirmación extraordinaria sobre sí mismo.
| «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?»
Juan 11:25-26, NVI. |
No dijo que conocía el camino a la vida, ni que podía enseñar cómo llegar a ella. Dijo que él es la resurrección y la vida. Ni el maestro más sabio diría algo así. Solo Dios podría decirlo. Jesús es Dios Hijo, plenamente Dios y plenamente hombre. Vino a nosotros y vivió una vida humana de verdad.
Jesús respaldó esa afirmación con hechos. Lo mataron y lo sepultaron. Al tercer día volvió a la vida, de carne y hueso. No regresó a la vida que tenía antes: resucitó con un cuerpo nuevo, y la muerte ya no tiene poder sobre él (Romanos 6:9). Sus seguidores lo vieron vivo, hablaron y comieron con él, y hasta lo tocaron. Estaban tan seguros de lo que habían visto que estuvieron dispuestos a morir antes que negarlo. Así que cuando Jesús habla de lo que hay después de la muerte, no está adivinando. Él estuvo allí y volvió.
La vida después de la muerte es un regalo, no algo que te ganas
Aquí es donde muchos nos hemos equivocado sin darnos cuenta. Damos por hecho que podemos ganarnos la vida después de la muerte portándonos bien, amando y sirviendo lo suficiente, hasta inclinar la balanza a nuestro favor. La Biblia dice algo muy distinto, y mucho mejor. Todo empieza en la cruz, y si quieres la historia completa de lo que pasó allí, la encuentras en Cómo conocer a Dios.
| «Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.»
Romanos 6:23, NVI. |
La Biblia usa la palabra «pecado» para hablar del mal que hacemos y del problema más profundo que hay detrás. Es vivir de espaldas a Dios, decidiendo por nuestra cuenta qué está bien y qué está mal, como si él no existiera. Todos lo hemos hecho, de una forma u otra. Este versículo dice con franqueza adónde nos lleva esa manera de vivir: nos separa del Dios que nos hizo. Esa separación trae muerte: morimos físicamente y, si nada cambia, quedamos separados de Dios para siempre. Si tuviéramos que ganarnos la vida después de la muerte, ninguno de nosotros lo lograría.
Ahora mira la segunda mitad. La vida eterna es una dádiva, es decir, un regalo. Tuvo un precio muy alto, pero nosotros no lo pagamos. Lo pagó Jesús. Murió en la cruz en tu lugar, cargando con el castigo que tu pecado merecía. Por eso puedes recibir el regalo sin pagar nada. No puedes ganártelo, ni necesitas hacerlo. Solo puedes recibirlo.
Lo que recibes es mucho más que la oportunidad de llegar a un lugar mejor o de comenzar otra vida. Es Dios mismo. La vida después de la muerte, en su sentido más profundo, es volver a casa con el Dios que te hizo y te ama. Es una relación que ni siquiera la muerte puede romper.
Este no es uno de muchos caminos que llevan al mismo lugar. Jesús dijo que él es el camino, y que nadie llega a Dios Padre sino por él (Juan 14:6). ¿Por qué solo él? Porque solo Jesús pagó el precio. Puede parecer un camino demasiado estrecho, hasta que ves lo que significa en realidad: hay una sola puerta, pero él la deja abierta para todos.
Esta esperanza no consiste en flotar como un espíritu ni en dejar el mundo atrás. Jesús resucitó con un cuerpo real, y promete lo mismo a todos los que son suyos. Lo que promete no es un regreso a esta vida, sino un cuerpo nuevo en un mundo renovado. Dios no va a desechar el mundo que creó. Lo va a hacer nuevo, y va a resucitar a su pueblo para que viva allí con él, restaurado por completo y sin volver a morir jamás.
Esta vida es tu oportunidad de responderle
Todo esto es serio, y ocultártelo no sería amor. Solo tenemos esta vida, y la forma en que respondemos a Jesús importa de verdad. Darle la espalda significa seguir separados de Dios, y esa separación no termina.
| «Ciertamente les aseguro que el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida.»
Juan 5:24, NVI. |
Léelo despacio. Jesús dice que quien lo oye y le cree ya pasó de la muerte a la vida. No es algo que ocurra más adelante, cuando la persona se haya portado lo bastante bien. Ocurre ahora, en el momento en que confía en él. Desde ese día, comienza a cambiar su manera de vivir.
Nada de esto contradice lo que leímos antes sobre el juicio. El juicio es real y llegará. Pero Jesús se puso en tu lugar en la cruz, y por eso el veredicto ya está decidido a favor de todo el que confía en él.
Por eso esta invitación no es una amenaza. Es una puerta abierta, y vale la pena cruzarla hoy. No tienes que poner tu vida en orden, ni entenderlo todo, ni esperar a sentir que ya es el momento. Solo tienes que acercarte.
Confiar en Jesús es más que aceptar que existió. Significa poner tu vida en sus manos y depositar toda tu esperanza en lo que él hizo por ti. Apartarte del pecado y confiar en Jesús, en el fondo, es lo mismo: das media vuelta, dejas de vivir de espaldas a Dios y te vuelves hacia él. Entregarle tu vida significa seguirlo.
Si de corazón quieres decirle que sí, puedes hacerlo ahora mismo, donde estás.
Una oración para empezar
Ya sea que estés enfrentando tu propia muerte o cargando el dolor de haber perdido a alguien que amas, no tienes que tenerlo todo resuelto antes de hablar con Dios. Cuando oras a Jesús, estás hablando directamente con Dios, que vino a la tierra para que pudiéramos conocerlo personalmente. Llamarlo Señor es reconocer que él guía tu vida desde hoy. Llamarlo Salvador es reconocer que solo él puede rescatarte. Una oración no te salva; Jesús te salva. Puedes hablarle con sinceridad y con tus propias palabras, o hacer tuya esta oración si expresa lo que hay en tu corazón:
| Una oración para recibir a Jesús
Jesús, creo que eres Dios Hijo. He pecado y necesito tu perdón. Lamento de corazón el mal que he hecho, y hoy me aparto de mi pecado y me vuelvo a ti. Creo que moriste en la cruz en mi lugar y que resucitaste. Confío solo en ti para estar bien con Dios. Te pido que me des la vida nueva y eterna que prometiste. Te recibo como mi Señor y mi Salvador. Gracias por recibirme. Decido seguirte. Amén. |
Si te volviste a Jesús y confías en él para salvarte, tu oración llegó a Dios, sin importar las palabras que usaste. Tu seguridad no depende de cuánto te emocionaste al orar ni de si dijiste las palabras a la perfección. Depende de lo que Jesús hizo en la cruz y de la promesa de Dios. Le hablaste a Jesús, y el Padre te oyó, porque el Hijo y el Padre son un solo Dios. Dios prometió en su Palabra que todo el que lo invoque será salvo. Y siempre cumple lo que promete.
| «Todo el que invoque el nombre del Señor será salvo.»
Romanos 10:13, NVI. |
Invocar a Dios significa llamarlo y confiar en él. Ser salvo quiere decir ser rescatado: recibir el perdón, volver a estar en paz con Dios y recibir la vida eterna, que empieza hoy.
Dios no te deja a tu suerte. Si confiaste en Jesús, Dios perdonó tus pecados, te reconcilió con él, te dio vida eterna, y ahora él mismo vive en ti por su Espíritu Santo. El Espíritu Santo es Dios. Poco a poco va a ir cambiándote por dentro y te va a ayudar a seguir a Jesús. El Espíritu Santo es la garantía de que Dios va a terminar lo que comenzó en ti.
Confiar en Jesús, como lo hiciste hoy al orar, es el comienzo de una vida con él. Esa confianza irá creciendo. Vas a querer conocerlo mejor, hablar con él y aprender a vivir a su manera. Nada de eso es pagarle por el regalo, porque el regalo nunca estuvo a la venta. Es lo que empieza a pasar en tu vida una vez que lo recibes.
Si hiciste esta oración y decidiste confiar en Jesús, cuéntanos haciendo clic en «Sí, hice la oración».
Si confiaste en Jesús, esta promesa de la Biblia ya es tuya, y responde a la pregunta con la que comenzamos:
| «Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.»
Romanos 8:38-39, NVI. |
Nadie puede escapar de la muerte. Pero en Jesús, ni siquiera ella puede separarte de Dios.
Y si todavía no diste ese paso, la invitación sigue abierta. Nadie te va a presionar. Puedes seguir leyendo, hacer preguntas y volver cuando quieras. Y si ya confiabas en Jesús, estas promesas ya eran tuyas. Hoy puedes volver a apoyarte en ellas.
Preguntas frecuentes
¿Qué pasa en el momento en que morimos?
La Biblia no describe con detalle cómo es ese momento. Lo que sí promete es que, para todo el que ha confiado en Jesús, morir no es dar un salto hacia lo desconocido. Al dejar esta vida, esa persona está con él de inmediato, sin ninguna espera. Aún queda por cumplirse el resto de la promesa. Cuando Dios haga nuevas todas las cosas, va a resucitar a los suyos con cuerpos reales. Entonces su pueblo estará con él en un mundo renovado, donde ya no habrá muerte.
¿Cómo es el cielo en realidad?
Muchos nos imaginamos algo difuso y lejano, más parecido a un sueño que a un hogar. La Biblia habla de algo mucho más concreto. No dice que dejaremos este mundo atrás para siempre, sino que Dios hará nuevas todas las cosas y vendrá a vivir con su pueblo.
| «Oí una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir».»
Apocalipsis 21:3-4, NVI. |
Fíjate en esto: es Dios quien baja a vivir con su pueblo, en una tierra nueva (Apocalipsis 21:1). Lo más importante del cielo es quién está allí. Los detalles superan lo que podemos imaginar, pero lo central está claro. Todos los que son suyos van a estar con él.
¿Tengo que ser lo bastante buena persona para ir al cielo?
No, y eso es precisamente lo liberador. Ninguno de nosotros lo es, y si esa fuera la condición, la puerta estaría cerrada para todos. Por eso mismo vino Jesús. La vida eterna no es un premio para los que la merecen. Es un regalo para todo el que desee recibirlo confiando en él. No tienes que esforzarte para conseguirla; él te la regala. Un regalo así no te deja igual. No te ganas a Dios con tu esfuerzo, pero una vez que le perteneces, él comienza a transformarte. Si te cuesta creerlo por lo que has hecho, el artículo «¿Qué significa que Jesús puede perdonar tus pecados?» aborda ese tema directamente.
¿Y qué pasa con los que nunca oyeron hablar de Jesús?
La pregunta nace de una preocupación sincera por otros. Parte de una verdad sobre Dios: él es perfectamente justo y perfectamente bueno, y nunca va a ser injusto con nadie. Podemos poner en sus manos las preguntas que no sabemos responder, porque él juzga bien y ama de verdad. Pero hay algo importante: tú ya oíste hablar de Jesús. Así que la pregunta que ahora tienes delante no es sobre otra persona, sino sobre cómo vas a responderle. El artículo «¿Creer en Jesús es el único camino al cielo?» profundiza en esa pregunta.
¿Volveré a ver a mis seres queridos?
Para quien atraviesa un duelo, esta es la pregunta más delicada de todas. La Biblia ofrece una esperanza firme y duradera. Los que confían en Jesús están con él. Un día, todos los que son suyos estarán juntos en su presencia, sin una sola lágrima. Lo que no podemos hacer es leer el corazón de otra persona, porque solo Dios lo conoce por completo. Pero el camino hacia esa esperanza es poner hoy tu propia vida en las manos de Jesús y poner también en sus manos a las personas que amas.
¿Puedo hacer algo por mis seres queridos que ya murieron?
Querer hacer algo por alguien que ya no está es una de las formas más puras del amor. Ese deseo dice mucho de ti y de lo que esa persona significó. Puedes acudir a Dios con todo ese dolor; él te comprende y te escucha. Pero hay algo que la Biblia dice con claridad y que no queremos ocultarte: cada persona muere una sola vez, y después viene el juicio (Hebreos 9:27). La Biblia no ofrece ninguna forma de cambiar la situación de una persona ante Dios después de que muere. Cada persona decide cómo responderle a Jesús mientras vive. Lo que sí podemos hacer, y vale la pena hacerlo, es entregarle a Dios nuestro duelo y descansar sabiendo que él es justo y bueno con cada persona. Los que todavía vivimos sí podemos decidir, y eso te incluye a ti. La pregunta que sigue abierta hoy es la tuya.
Estés donde estés en este camino, nos encantaría que nos escribieras. Tal vez acabas de orar por primera vez, tienes una pregunta que te da vueltas en la cabeza o necesitas que alguien ore por ti. Escríbenos usando los botones «Sí, hice la oración», «Enviar pregunta» o «Por favor oren por mí». Aquí encontrarás personas que de verdad se interesan por ti.
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